Un Víctor es un término coloquial de uso satírico que se utiliza para describir a una persona que, frente a cualquier mínima provocación (real o imaginaria), explota con furia desproporcionada, utilizando una mezcla entre groserías creativas, gestos intimidantes y argumentos con el mismo nivel de lógica que un billete de tres pesos.
Un Víctor no dialoga: declara, sentencia, ruge. Y si alguien osa cuestionarlo, reacciona como un mandril alfa recién despertado de la siesta, repartiendo gritos, insultos y argumentos que harían sonrojar a un Yeshua. Para colmo, sus decisiones suelen ser tan impulsivas que uno no sabe si está viendo a un humano o presenciando un Willy en plena ejecución.
“Le pedimos que bajara el volumen… y respondió lanzando una silla y diciendo que así es él. Se puso bien Víctor.”
Un Víctor no necesita enemigos: él solo se basta para iniciar, desarrollar y cerrar un conflicto. Algunos lo describen como una mezcla entre director de película de acción y villano de telenovela, pero sin guion. Su energía es tan intensa que a veces se le teme, a veces se le ignora, pero siempre… se le recuerda.